Escuche cosas quebrarse y un olor a quemado inundaba mis fosas nasales, pero lo más sorprendente, era sentir algo revoloteando dentro de mi pecho, algo allí dentro estaba muy agitado y excitado… si, era mi corazón el que latía lleno de vitalidad, cual potro salvaje conquistando las praderas.
Mis tenues sentidos se comportaban como luces que aumentan su brillo gradualmente, iluminando lentamente lo que fue una habitación oscura.
Finalmente, después de tanto tiempo en oscuridad, mis párpados se apartaron abriendo camino a la cegadora luz. La brumosa e incandescente luz empezó a tomar forma mostrándome el escenario frente mi, un mar de llamas. He de admitir que nunca había apreciado tanto la majestuosidad de las llamas como aquel día, de hecho, hasta entonces solo avivaban malos recuerdos.
—jejeje... ¡jajaja!
—ha vuelto a ocurrir ¡jajaja!
La euforia controlaba mis acciones, por lo que, empecé a reír matemáticamente, desbordando todas mis emociones a través de mis carcajadas.